Escribió Ovidio en sus Heroidas que Safo se tiró por un acantilado tras ser rechazada por Faón, un hombre bellísimo que incluso había enamorado a la diosa Afrodita. En paralelo y casi contradictoriamente, otra leyenda subraya su homosexualidad hasta el punto de hacerla pasar a la historia como icono del lesbianismo, término que de hecho viene de su lugar de nacimiento, la isla griega de Lesbos, alrededor del año 630 a. C. Pero esto último es de lo poco que se da por cierto de todo lo difundido sobre su vida personal y que ha dejado oculto lo esencial: que Safo era una de las poetas más importantes de la Grecia antigua. Nada de suicidio por amor ni mujer torturada. Al contrario, ella fue muy popular en vida. Tanto que su rostro fue acuñado en monedas y Platón la catalogó como “la décima musa”.

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