Para responder a la pregunta que titula esta crónica bastó con coger a primera hora de la tarde uno de los autobuses que suben desde el centro de la ciudad de Bilbao (y qué subida) hasta el recinto del festival, en Kobetamendi, un parque con vistas a la ría. Es temprano y siendo el primer día (aún quedan dos intensas jornadas por delante hasta el cierre, este sábado ya de madrugada), apenas quince personas ocupan los asientos: el sol pegando duro a esta hora y con los grupos más minoritarios estrenando el evento, hace que muchos prefieran seguir apurando el paseo por la ciudad. Esti Lisa, 44 años, tiene, sin embargo, el mejor de los motivos para llegar pronto al recinto, y es que su hija Maddi, 10 años, se muere de ganas de asistir a su primer concierto, las Ginebras, un cuarteto de chicas de sonido rockero que hoy abrirá en uno de los escenarios principales. “La música que escuchan mis compañeras de clase no va conmigo; me gustan las letras feministas y que dan poder a la mujer”, dice la jovencísima festivalera, añadiendo que su madre siempre le pone en casa los discos de Nina Simone. La madre, por cierto, quiere ver hoy a Placebo, que tocarán unas cuantas horas más tarde, ya sin este calor. “Creo que es fundamental que mi hija vea que existen ambientes diferentes a los que ve a diario, además de otras formas de vestir y de pensar, por eso los festivales son un buen punto de encuentro”, cuenta.

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Después de dos años de parón, vuelve el festival de música Bilbao BBK Live con un ambicioso cartel que reúne a grupos icono de diferentes generaciones. La primera jornada recibió a más de 30.000 personas, que subieron hasta Kobetabendi para vibrar con los explosivos LCD Soundsystem y PlaceboLeer más

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