“La vida es un dolor”. Es la frase que pronunció el escritor Vicente Aleixandre cuando ingresó muy grave por una hemorragia intestinal en una clínica de Madrid situada a unos metros de su casa. El último poeta español distinguido con el Premio Nobel de Literatura, en 1977, también un reconocimiento a la generación del 27, falleció pocos días después, el 14 de diciembre de 1984, a los 86 años. Era el final para el eterno convaleciente con mala salud de hierro desde que una enfermedad de juventud le hizo perder un riñón. Su inseparable hermana, Conchita, le sobrevivió dos años y cuando ella falleció, los papeles de Aleixandre, que estaban en el sótano de la vivienda, y su biblioteca pasaron a su amigo y exégeta el poeta Carlos Bousoño, aunque no se había especificado en documento alguno. Los objetos se repartieron entre los herederos y como ninguno de los dos hermanos había tenido hijos, la casa se cerró.

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Treintaiséis años después de que se vaciase la casa del último poeta español ganador del Nobel de Literatura, las disputas entre herederos y la desidia y diferencias entre Administraciones propician que salga a subasta el cenáculo de varias generaciones de escritores, de Lorca a los NovísimosLeer más

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