En los años cincuenta del siglo pasado se halló una necrópolis romana en el centro de Barcelona con numerosos enterramientos. El yacimiento, denominado Plaza de la Villa de Madrid, fue vuelto a excavar entre los años 2000 y 2003, cuando se localizó un conjunto funerario colectivo de unos 8,85 por 5 metros, que fue interpretado como un collegio funerarticium; es decir, una estructura mortuoria perteneciente a una asociación privada o profesional de personas libres o esclavas con escaso poder adquisitivo. Estas, mediante el pago de una cuota mensual en vida, se aseguraban una sepultura digna en el lugar. El problema venía cuando los familiares debían realizar los obligatorios banquetes rituales frente a las tumbas: no todos podían celebrarlo tal y como marcaba la tradición. Una tumba es solo legalmente una tumba cuando se sacrifica un cerdo, dejaron escrito autores como Plinio, Tácito, Cicerón o Petronio.

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