La invasión rusa de Ucrania iniciada el pasado febrero fue un duro golpe para Turquía, muy dependiente de ambos países. Las sanciones aprobadas por Occidente para aislar económicamente a Rusia, en cambio, se han convertido en una oportunidad. Los expertos y analistas consultados coinciden: con una economía en situación muy delicada -la inflación turca se sitúa en el 80%, aunque cálculos extraoficiales la elevan al doble, y la cotización de la lira turca se mantiene con alfileres-, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, necesita dinero fresco para no perder las cruciales elecciones del año que viene, y su homólogo ruso, Vladímir Putin, está dispuesto a ponerlo a cambio de convertir a Turquía en una grieta en la arquitectura sancionadora que permita a su país seguir obteniendo las mercancías y repuestos que ya no les vende la Unión Europea.

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La importación de productos turcos y de empresas de la UE a través de Turquía crece considerablemente tras el inicio de la invasión de Ucrania gracias a las facilidades dadas por Ankara. EE UU ha advertido a las empresas turcas de que se enfrentan a penalizacionesLeer más

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