La guerra energética que libran Rusia y la Unión Europea por el conflicto en Ucrania ha alcanzado un punto álgido este viernes. El monopolio gasista del Kremlin, Gazprom, anunció el cierre indefinido del gasoducto Nord Stream tras asegurar que ha detectado unas fugas de aceite en la única unidad compresora activa actualmente, y su arreglo “solo es posible por una empresa de reparación especializada”. Es decir, en las instalaciones que tiene Siemens en Canadá, país que incluyó a Gazprom en su lista de sanciones. El suministro estaba interrumpido —en principio por labores de mantenimiento— desde el 31 de agosto y debía reanudarse en la madrugada del sábado. El anuncio ruso, a pocas horas de que se cumpliera el plazo, sume en la incertidumbre el futuro de ese bombeo, necesario para el abastecimiento europeo.

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