Se temía que pudiera cerrarse el grifo del gas, y al final ha ocurrido. A las puertas del otoño, el Kremlin ha cumplido su amenaza nunca explícita de cortar el suministro por el principal gasoducto ruso que alimenta al centro de Europa. Desde este miércoles, el gas no fluye por el Nord Stream, un conducto de más de 1.200 kilómetros que transporta este hidrocarburo desde Siberia directamente hasta la costa alemana por el lecho del mar Báltico. En Berlín no ha sido una sorpresa. Alemania lleva meses prevenida y reduciendo a marchas forzadas su enorme dependencia de Rusia. El país está preparado, aseguran las autoridades, que sin embargo piden a los ciudadanos y las empresas un mayor esfuerzo de ahorro.

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Berlín ha reducido drásticamente su dependencia gasística de Rusia pero el coste para los consumidores se ha cuadruplicadoLeer más

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